Hace ya varios años que se escucha el cantico de “A dónde esta? Que no se ve?, esa famosa CGT”. Tanto en marchas como en concentraciones, los más variados sectores organizados, como individuos, levantan sus voces para reclamar la participación de una central obrera que parecería no estar haciendo frente a los distintos golpes que el gobierno y sus socios.
Si bien el comportamiento de la Central ante la avanzada patronal, fue desde la mayor pasividad posible, hace ya varios años los líderes burocráticos se encargan de asegurar la paz social, la negociación a espaldas de los trabajadores y su alineación a los intereses patronales. La orientación de los sindicatos cegetistas, ósea del actual modelo sindical, en meros gestores de trabajadores es abiertamente escandalosa y explicita. Por esta razón no es de extrañar que muchos de los compañeros, desconfíen y renieguen de los sindicatos que dejaron de resistir, para simplemente negociar.
El sueño húmedo de los empresarios.
El reciente gobierno, profundizo aún más las condiciones paupérrimas en que nos encontramos los trabajadores. Todo parecería indicar que la intención es un cambio de formato de producción del país, y para eso es necesario aleccionar desde el mercado, a los trabajadores.
Por un lado, pisar el salario, licuarlo; legitimar aún más el fraude laboral y la flexibilización; por otro dar las condiciones legales que permitan despedir de forma más sencilla. Esto solo deja un panorama aún más desolador: malos sueldos, malos laburos, crecimiento del pluriempleo e inestabilidad laboral. Dejándonos a los trabajadores entre la espada y la pared, la sumisión o la pérdida del trabajo.
Para sumar, tenemos un contexto de legitimación de la violencia institucional, osea, la normalización de la represión. La policía dando palo a diestra y siniestra a quienes busquen expresar la resistencia. No es nuevo, eso seguro, pero si está más normalizado, legitimado en algunos sectores que solían denunciar la represión de las fuerzas. A lo que tenemos que incluir la pérdida de la práctica de la resistencia a la avanzada policial, devenida en denuncia de “infiltrados”.
Para poner la frutilla del postre, la actual gestión se encargó de liberar aún más a los sectores más ricos del país. En el paquete de la ley bases, se le quito determinadas cargas impositivas, orientada a los sectores con mayor riqueza. Se les permitió tener a sus trabajadores en condiciones flexibles de contratación, e incluso formar pequeñas empresas satélites, para reducir aún más su responsabilidad patronal. Recientemente se les quito la lupa de encima a los movimientos irregulares de capitales, en una jugada dudosa de blanqueo de los mismos. Y ni hablar del RIGI, como del súper RIGI, que busca a toda costa permitir a las grandes empresas hacer prácticamente lo que quieran con la explotación de determinados recursos. Dándole carta libre sin importar la poblaciones ni el medio ambiente.
Mientras tanto, la resistencia?
En este contexto vemos una CGT que se dedica a jugar sus cartas de la manera que acostumbra hacer, negociando y esperando la salida política parlamentaria. Sentándose a ver que puede negociar para no perder sus cajas: la quita compulsiva de la cuota sindical, las cajas de previsión, y en la última reforma laboral, negociando que no se habilite la libertad sindical.
Inmiscuida en las negociaciones políticas, esperando las indicaciones para no generar algún tipo de revuelo por fuera de los que la conducción política pueda llegar a necesitar. Ósea atando al interés partidarios, las condiciones sociales.
No nos engañemos, nunca fue otra cosa. Su fuerza radica en la ley y en la política. Ellos mismos se encargaron y se encargan de frenar la fuerza social. Les interesa gestionar la fuerza de quienes trabajamos, legalmente con la ley de asociaciones profesionales, tomando a los trabajadores como rehenes de una única representación, la CGT. No les interesa ser una fuerza obrera, una fuerza social que dipute el destino de la clase. Por esa razón creo que es ingenuo reclamar que estén, que se vean. Ellos están, no se esconden, solo que están de la manera que supieron construir.
Conclusión.
Ahora toda esta crítica no quiere decir que no haya militancia honesta en las filas del sindicalismo actual, lo que quiere decir es que la estructura en si es sumisa y pensada para ser conducida por la política partidaria y parlamentaria, no para generar autonomía de clase.
Se comienza a escuchar y sentir el crujir de cómo se rompe el cascaron de la central general, los trabajadores empiezan a murmurar la necesidad de una alternativa, la disconformidad de cómo se desenvolvieron los sindicatos en este contexto no se puede aceptar. En estos momentos amplios sectores están jugando sus cartas, la opción que más resuena es la necesidad de una nueva conducción que se ponga al frente, otros simplemente critican la burocracia de unos diciendo que su burocracia seria aún mejor. De nuestra parte decimos, ni conducción y burocracia, autoorganizacion, volver a los órganos administrativos revocables y sin más fuerza que la del conjunto de los trabajadores involucrados en su realidad. Sin dadivas políticas, ni líderes que nos quiten autonomía.
Que los trabajadores tenemos que tener organizaciones que nos permitan llevar nuestras demandas y exigencias, es una obviedad viniendo de esta organización. Pero no las verticales que terminan oxidando el musculo de la participación y la organización directa de quienes trabajamos. Apuntar a reconstruir la alternativa gremial es a lo que hay que orientarnos. Fomentar y agrandar aun mas la herramienta para y de los trabajadores, como es la FORA con su ideología de emancipación. Quedarnos en la mera crítica seria la mitad del camino, la otra mitad en engrosar la alternativa y propagarla entre los compañeros y vecinos.
