De romper membranas y madurar

Hay membranas que necesitan tener una oportunidad de romperse, desplegando otra condición de la existencia.

Podemos tener un montón de perspectivas respecto a nuestra condición laboral, pero es claro que no es la misma de otros momentos donde no tuvimos la suerte de existir.

Las evoluciones, al igual que las involuciones, involucran cambios en primera instancia de origen natural, pero muchas veces pueden ser condicionadas por el accionar humano.

En Japón existe una tendencia de desarrollar sandías en recipientes cuadrados para que tomen esa forma, hoy en día se venden recipientes que se aplican a la planta de pequeñas, y podemos tener sandias con formas de rostros o corazones.

¿Quién puso ese recipiente alrededor de nuestra condición laboral para darle forma?

El romance es una atracción muy profunda entre dos partes (donde no siempre está involucrado el amor), pero que también implica una cantidad de tiempo bastante escueta.

Lo pasional de nuestras juventudes nos acerca a muchas cosas que en ese momento de intensidad nos cuajan, pero que luego dejamos en ese lugar adulto de recordar como el mejor momento que alguna vez pasamos. Condiciones físicas y mentales que son propias de una plenitud que ya vemos lejos de alcanzar.

Ahí hay una membrana del anarquismo, ese que nos captó por el punk, o que nos llegó por algún protoprocer que no nos enseñaron en el colegio, que necesita romperse y hacerse propia hoy.

Hay una membrana del sindicalismo, esa en la que alguna vez entendimos que podíamos llegar a generar algo piola para mí y todes mis compañeres, que también necesita romperse y hacerse propia hoy.

Es delgada, y cuanta más presión, más fácil de romper la membrana.
Hay que vencer el romanticismo y hacer serio el vínculo con lo que de chicos o en otro momento tomamos desde el fanatismo, o lo idealizado viendo como proeza de algún héroe que no podemos ser. No hay héroes, hay ideas y todes podemos ser ellas.

Hoy es momento de comenzar a hacer carne propia y viva eso que tanto necesitamos, tomar las riendas de un desarrollo propio, de nuestras manos y las de todos nuestrxs compañeres.

No hay chance de ser en plenitud, si esa mano que al igual que con las sandías, le da forma a nuestra realidad.

Sabemos que esa mano es precarizadora, extractivista, pero por sobre todas las cosas deshumanizante. No hay manera de entender como humanas, jornadas laborales y tareas fulminantes que nos rompen los cuerpos, que nos pauperizan socialmente y que el único premio que nos otorgan es poder dormir en el mejor de los casos.
No dejamos de trabajar, ni de jóvenes, ni de adultos, ni de mayores. Trabajamos; ayer, hoy y mañana, nos tenemos que levantar a trabajar.

En esta dinámica, nuevas formas de empleo nos rodean y no podemos dejar que sean condicionadas a un desarrollo que no es el que nosotres queremos, no podemos dejar que sigan siendo precarizadas las condiciones desde la concepción de estas nuevas formas.

No deben ser condicionadas por factores externos nuestros espacios de trabajo. Nuestras manos, nuestra fuerza, nuestro capital, nuestras condiciones.
Y decir nuestras no es menor, hablar en plural nos encuentra donde todo nos lleva al aislamiento. La persecución de muches compañeres nos hizo crecer con el miedo que también es una membrana que debemos romper.

Hay que organizarse y volver a las asambleas, que es mucho más que ser parte de. Volver es entender que ese encuentro siempre fue y será nuestro, organizarnos es, entre otras cosas, encontrarse desde una igualdad que dejamos de sentir propia con jerarquías y estructuras que lo único que hacen es separarnos.

La asamblea y la organización obrera, son tan nuestras como llegar puntuales o realizar una tarea en tiempo y forma.
Donde la cámara es el mercado y la luz es el dinero, nos tenemos que entender como les actores (que también consumimos cine) y sin nosotres no hay película.

Nuestro cuerpo, nuestras horas y nuestra vida, es el único capital que tenemos y no podemos seguir regalándolo; no hay valor monetario comparable con lo que dejamos.

El anarquismo es la promoción de la vida y el sindicalismo es lo que tenemos para, una vez revalorizada, desaparecer con su cometido realizado.

Sebastian Menutti, Community Manager, SROVC
Categoría: Opinión
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