Respecto al TODEO

No hay mejor ejemplo de precarización laboral que el muy bien conocido TODERO, entendido en un 2022 como TODERE.

Alguien tiene que apagar el fuego, alguien tiene que evitar que se aviven las llamas, y qué más oportuno que el derecho de piso o habitar el fondo del tarro para eso.

Cuando la jerarquía se haya incompleta, el todero funciona como una plastilina que es presionada sobre cada uno de esos huecos por dónde se está escapando el agua.

El todeo es mucho más triste que cadetear, es menos persona el todero que el compañero con menor jerarquía. 

Entre mis experiencias de todeo, me vi picando pisos y preparando material, cuando en el recibo de sueldos me figuraba reparto.

Ahora trabajando de community manager, me encuentro todeando a la hora de editar o realizar fotos, videos, coordinando equipos, cargando precios, tiendas digitales, en fin, todo lo que la cibernecia presenta para el comercio pero que no está bien delimitado, todo es lo mismo, todo te toca, todo podés, “no me da el presupuesto” como respuesta, y si no se hace, no hay trabajo.

Las dinámicas actuales tanto de contratación como de especialidades deforman lo conocido como oficio, para ser eso muchas veces, toderes que todo lo podemos, por el dinero de lo que creemos que estamos trabajando.

No ser todere es una limitación obviamente, no es imponer tu trabajo en calidad, tiempo y forma; no es tomar una condición seria de las tareas; esos límites o marcos nunca los ponemos les trabajadorxs y es ahí que nos convertimos en esta especie de animal bueno, amigx del patrón.

Me di cuenta que era un todero, el día que hice las cosas mal. No porque no lo quise hacer, no porque no lo entendí cuando me lo explicaron. La cague porque nunca lo había hecho. Y fue mi culpa.

Si hilamos fino, todes somos un poco toderes. Si alguna vez respondiste, “dale lo hago yo”, todeaste. Si alguna vez te dijeron “¿No te copas y lo haces?” Te todearon.

Hoy está normalizadísimo el todeo y lo podemos comprobar en las bolsas de trabajo, donde los títulos son deformes, rebuscados, con un abuso inescrupuloso de la “falta de conocimiento” respecto a nuevas tecnologías y formas, las tareas que involucran y aranceles que corresponden a cada una de ellas.

Compañeres, esto no lo escribo en acción de manifiesto en contra de la patronal (o también). Más de une todea al cadete ajusticiándole que pase por el kiosco volviendo de la calle y es ahí donde normalizamos y corrompemos nuestra condición. Sin igualdad al otre, mirando desde arriba con una ínfima altura que nos puede otorgar estar parades en puntas de pie.

¿De qué nos sirve defender nuestra idea del trabajo si aún no es orgánica nuestra condición humana de iguales?

¿Qué le criticamos al patrón si practicamos acciones micropatronales entre nosotres?

No es el fin escupir culpas, el fin es sacudir el polvo en lo básico de nuestra condición, y ser funcional a la desnormalización de todas estas condiciones de un sistema laboral que nos otorga un lugar ínfimo, que poco habla de dignidad o plenitud, como si no la mereciéramos.

No es momento de entenderse una cosa u otra, como si por fuera de nuestra condición humana también hubiera jerarquías. No podemos conciliar desde lo nuestro en las diferencias ya que no las hay. Todes somxs iguales. Todes tenemos la capacidad de sentirnos plenos y es por eso que no podemos resignar esta condición, ni para nosotres, ni para cada compañere que tenemos al lado.

Hoy no es feriado si el único reparo que tenemos es dormir.

Hoy es momento de desnormalizar estas cosas porque ya no nos queda espalda, no nos queda amor, ni silencios.

Sebastián Menutti - Social Media, Community Manager afiliado SROV Capital.
Categoría: Opinión
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