El freelance no tiene nada de free

Intenté muchas veces arrancar este texto queriendo entender cuál es el comienzo en mi condición de freelance, pero todo se me desdibuja en comparación con cada changa que pude hacer. Muchas veces, en nuestra independencia, al igual que en muchos empleos, somos el producto de un rebusque, no de una vocación o un oficio.

Es muy delgada la línea entre el freelance y la changa. Una es más cool, pero ambas tienen lugares precarizados por igual, porque pudiste haber estudiado lo que sea, pero tu primer trabajo especializado va a ser gratis. Sí: no tenés experiencia, no tenés que mostrar, nadie confía en cuánto sabés por más que se lo expongas, no tiene valor el tiempo de tu estudio, y es entendible cuando quien te contrata es un pequeño comercio que necesita adaptarse a nuevas formas, y de pedo tiene cómo. Ese pequeño comercio que al igual que nosotres, necesita manejar un diálogo fluido con el mercado sin excepción. Ese pequeño almacén de barrio, que generando contenido de redes sociales, le entrega su plusvalor a coca cola y a instagram por igual. En consecuencia, entregando también el plusvalor que te quita.

Nuevas maneras y tecnologías dibujan y normalizan en los trabajos autónomos una idea muy romántica de este tipo de tareas: estás en tu casa, mucha flexibilidad, videollamadas sin el aliento de tu jefx y arriba camisa y abajo calzón, un sueño al lado de un overol grasiento, o esas dos horas que padece cualquier ciudadane que vive en el conurbano yendo a laburar al centro.El problema es que esa romantización desdibuja las condiciones reales del trabajo.

Las instancias que manejan las agencias de marketing o publicidad, presentan (para mí), la mayor precarización de todas. Vos pagás tu luz, tu internet, muy pocas te brindan computadora, entregandole nuestro plusvalor no solo a un CEO fanático de la guita, sino también a los servicios de internet, luz, a mac, windows y android.
Y si bien tenemos la “tranquilidad” de un sueldo mensual, al menos los meses que dure una campaña, muchas veces, forman en una relación de dependencia, un vínculo donde nosotres además estamos monotributizados, liberándolos de cualquier responsabilidad patronal a la hora de contar con nuestro trabajo. Ni más ni menos que una condición súper precaria de empleo encubierto. Es como decir, no te bautizo, pero tampoco podés seguir pecando, y sí, es entendible en esta comparación entender al mercado como el espíritu santo.

Ni hablar de la demanda tóxica que sostienen estas cuentas y clientes, donde he tenido la desgracia de padecer y ver compañeres padeciendo ataques de pánico, falta de aire, llantos desmedidos, un mundo que se acaba, pero desde la comodidad de casa, en camisa y ropa interior.

Otro grave problema que nos afecta a les independientes es el arancel. Es el único lugar donde une creería que puede marcar un poquito de territorio y no es así. Las páginas que establecen un salario, claramente, no lo acuerda alguien que vive de esto. Son inentendibles, no se actualizan hace más de un año y es la única manera que nosotres como independientes, tenemos para institucionalizar una condición pautada, lejos de lo gremial y cerca de lo absurdo, ya que lo más triste de esto, en el fondo, es que lo hacemos en soledad, sin vernos las caras, padeciendo lo mismo, miles. Ahí, en esa soledad, es donde nos encuentra el mercado, estableciendo el cómo, ya sea desde padeciéndolo con el pequeño comercio, o regalándole calidad de vida al fanático de la guita mencionado anteriormente.

Todo esto además funciona o existe en una construcción invisibilizada de la calidad o el esfuerzo que lleva nuestro trabajo. No es considerado trabajo duro estar sentado delante de una computadora o pendiente de un celular: “no estás poniendo el cuerpo”.

No importa el desgaste que provoca la luz azul, cómo se te rompe la cintura después de horas y horas a principio y fin de mes donde todos quieren todo. Si no hay sangre no cuenta sentir que nunca llegás.

La soledad de este formato es lo que más me duele, me incomoda y me llena de preguntas.

Viví toda mi vida laburando en lugares donde meterse en lo gremial era romper los huevos, una gran posibilidad de que te rajen o algo “al pedo”. En Argentina entender al sindicalismo de esa manera, es muy común.

Aún en nuestra independencia, marcando condiciones laborales, sosteniendo sistemas consensuados con los de siempre, el mercado funciona en nuestra cotidianidad como patronal y el estado como esx jefe bobx, que se siente más cerca de su propix jefx bobo que de nosotres.

No nos marca las tareas que tenemos que hacer, pero indirectamente, con el costo de vida, marca lo que vale nuestro arancel, y con cada shot de inflación nos regala una contraparitaria que, cuando logramos remontarla, nos atiende con otra. Un cuento precioso de nunca acabar y donde la única manera de zafar es laburando más, ni siquiera mejor, si no este jefx bobx te va a botonear y probablemente te rajen.

Entender al mercado como patronal es algo que no solo debería afectar a les freelancers o independientes, sino también a cada pequeño comercio, emprendimiento o negocio.

La incertidumbre es cotidiana, no hay manera de preveerlo, nunca vamos a saberlo, ya que estamos a la voluntad, en muchos casos, de algune bolude que decide mover su incalculable cantidad de dólares de un banco a otro, u otre idiota que twitea “compren bitcoins”. Nunca es nuestra voluntad, lejos está todo de lo que necesitamos (ni soñar con lo que queremos).

¿Cómo se hace para organizar algo que ya está siendo organizado por quienes no lo ejercen? Encontrándonos, siempre estamos a tiempo. Sin romantizar ni hippearla, hubo un tiempo que fue hermoso, donde la libertad era prioridad, aún con un mercado marcando las condiciones, donde estábamos más cerca.

No somos libres si el mercado es quien nos anota cada tarea por realizar. No somos libres si las únicas condiciones de subsistir es hacer de nuestro tiempo un disparo de perdigones repartidos en todos los flancos que esperan y existen gracias a nuestro plusvalor.

Sebastián Menutti, Creador de contenidos social media, community manager - SROV Capital
Categoría: Opinión
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