EL POLÍTICO

Desde lo que se plasma bajo los puños hasta lo que se enciende sobre la frente, todo es pensar. Pensamiento. Trabajador, poeta o sabio, el que hace o crea es porque piensa. Y hasta ahí las cosas van bien. Pero luego viene lo otro: el comercio o el destino de esas obras o creaciones, y aquí comienza lo estúpido.

En esto ya no interviene el creador, sino el parásito; no el que siempre todo lo hizo, sino el que nunca ha hecho nada: el político.

Aunque decir: no ha hecho nada, quizás sea mucho. Visto de otro ángulo, desde el que se ve lo inútil, es verdad que es un campeón pensando y haciendo todo; todo lo que puede hacerse en contra del que produce; hasta reducirlo a nada. Gracias a su obra campeona, en ningún orden o régimen cuentan el hombre de ciencia, ni el artista ni el obrero. ¿Conocéis alguna parte donde uno de éstos cuente algo?…

Como no cuenten sus penas, miserias y humillaciones…

Para organizar el mundo sólo cuenta él: el político. 

¿Es que es un técnico?… ¡No! La técnica, aun la del crimen, es pensamiento.

Es pensar. Baraje o fulmine el rayo, te arme la máquina o te desarme la vida, es la mano al servicio del cerebro. 

Y mí calumniado, ¡no! En cuanto a eso es un tullido; no movió un dedo jamás. Pero administra y legisla.

Desde la raíz de la tierra hasta la copa del cielo, rehenchido está el universo, como un árbol, de estas tres potentes savias: la ciencia, el arte, el trabajo.

Parecería que quienes han levantado su aliento desde tan bajo a tan alto debieran saber también cómo organizar el mundo de sus relaciones físicas, morales e intelectuales. Y no; no saben. El que sabe es el político.

¿No es esto estúpido?… ¡Ah, muy estúpido! Estúpido hasta dar risa.

Rodolfo González Pacheco

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