La clase trabajadora en 2026 está fragmentada, endeudada, medicada, distraída por pantallas y convencida de que “no hay alternativa”. Los sindicatos son cómplices del sistema, y los intentos de organización horizontal muchas veces chocan por falta de tiempo y también recursos.
Pero siempre recordemos que los sistemas de control tienen un límite. Cuando aprietan demasiado, a veces, explota la chaveta. La historia cambia, y no siempre serán gobierno, quizás tengan que viajar a donde Satan-yahu, porque por acá, no van a poder pisar la vereda. Hay momentos en que décadas de silencio explotan en días de furia. Porque la violencia del hambre, del desalojo, de ver morir a tu viejo sin remedios… esa violencia la generan ellos. Si ellos tiran la piedra primero, que no se quejen cuando la piedra vuelva. Es tan vergonzoso el nivel de mentiras y noticias falsas en torno a todo tema imaginable, que ya no podemos creer en nada; por eso tenemos hoy que organizarnos más que nunca.
El capitalismo financiero globalizado está dejando claras sus propias contradicciones, entre ellas, la crisis socioambiental. Los incendios, las inundaciones, las sequías van a ser tan evidentes que negarlos será ridículo. La inteligencia artificial desintegra empleos a una velocidad que ni las personas más optimistas de la tecnología pueden ignorar. Cuando esas millones de personas no sean “explotables” sino “desechables”, el sistema se enfrentará a una pregunta incómoda: ¿Qué hace con toda esta gente que ya no se necesita para trabajar?
La deuda global es una bomba. Los Estados están quebrados. Las religiones sobreviven hoy, NO por su coherencia lógica, sino por su arraigo social, emocional y psicológico: una población que cree que la verdad última está en un libro antiguo y no en la evidencia real (que si te enfermas, necesitas un buen hospital, un buen sueldo, horas para tu familia, pero también para distenderte, etc.) es más fácil de gobernar.
Conocer qué es una organización gremial implica aceptar un método de conocimiento basado en la evidencia real y en la construcción horizontal entre laburantes ¡Equivocarte con compañerxs sin que nadie te dé una orden! y menos desde la autoridad, la tradición o la revelación.
Ese mismo método (basado en la ciencia) es el que nos ha dado la medicina, la electricidad, los tornos, los controles numéricos, los cohetes y la comprensión de que no hay reyes ni dioses que intervengan mágicamente en el mundo. Solo la clase trabajadora haciendo funcionar un sistema en el que algunos pocos deciden por todxs.
Por eso es importante salir del individualismo, percibirse como clase trabajadora y volver a lo social: a confiar, a creer, a valorar. Al vecino, a la amiga, a quien vos quieras.
Sabemos que cuesta y es un trabajo arduo, pero la autoorganización es la única alternativa.
¿Alcanza con tener esperanza? No. La esperanza es una palabra engañosa porque implica que la solución viene de fuera, o del futuro, o de alguien más. La esperanza es lo que les vendió Milei. Es lo que te vende el cura cuando dice “Dios proveerá”. Es lo que te vende un empresario cuando dice “el mercado se autorregula”. Por eso siempre hay que recordar que el patrón no es un ‘representante del capital’, es un forro explotador con auto último modelo. Y a los sindicalistas cómplices no hay que criticarlos ‘institucionalmente’, hay que escupirles la cara en la puerta de la fábrica. Nada de pedir… nada de esperar…. ¡Organizarse desde la base!
Pellico lo explicaba de la siguiente manera: “Para que la sociedad realice sus fines ha de armonizarse con la Naturaleza y la Ciencia; que la sociedad es un compuesto de individuos agrupados para obtener por medio de ella cuanto aisladamente no podría el hombre conseguir; que así, vivir en sociedad, no puede ni debe comprenderse la más mínima sujeción del individuo, sino facilitarse mutuamente los mejores medios de vida, más goces, más libertad”.
No necesitamos esperanza. ¡Necesitamos organización! Pellico lo entendía cuando decía: “¿Qué se propone el obrero al asociarse? Crearse una fuerza capaz para oponerse a la fuerza capitalista, teniendo en mira mejorar su condición, y, se lo explique más o menos bien, tendiendo en el fondo a procurar su emancipación”. Por eso impulsó la fundación de la FORA. Por eso estamos hoy acá, para reivindicar lo que es nuestro. Porque la historia no siempre es escrita por los ganadores, a veces quienes se cansaron de comer mierda y un día dijeron ‘basta’ y escupieron a los de arriba construyen esa memoria inmortal de la clase obrera. A esa historia no la paran ni los jueces, ni los curas, ni los empresarios. Como dijeron basta los compañeros de Chicago allá por 1886, a quienes ahorcaron por pelear la jornada de ocho horas, no por violentos sino por ser capaces de organizarse para emancipar a lxs laburantes. Los colgaron, pero no los callaron. Por eso hoy, cada 1° de mayo, no estamos de fiesta. Estamos en lucha. ¡Que la sangre de ellos no se seque nunca! ¡Viva la FORA! ¡Viva el 1° de mayo de los trabajadorxs!”
