Modos de habitar: Remontajes para un futuro posible.

Tomar posición: hender.
Practicar una grieta, una fisura
en un estado consensualmente
considerado como ineluctable.
Inventar, afirmar una forma,
pero como en negativo.
Georges Didi – Huberman (2015)

La previsibilidad de la existencia se vio en jaque cuando un elemento microscópico proveniente de un sitio remoto tomó por asalto lo cotidiano, rutinario y productivo.  El vértigo de detenerse: detener la maquinaria y su movimiento hacia adelante. 

A partir de allí, el abismo ¿Cómo pensar entonces la crisis? ¿Cuál es el espacio que ocupan lxs trabajadorxs frente a situaciones inesperadas? ¿De qué modo opera la instrumentalización de ciertos roles sobre otros como lógica de segmentación o estratificación social?

Una posible definición de crisis es aquella que considera el término como situación inestable. La acepción derivada del griego (κρίνειν/krein= separar, decidir) considera el concepto como punto decisivo (κρίση/krisis). Las crisis ofician como vuelcos o momentos de inflexión social donde parecería operar una lógica dual del antes – después. Los sucesos o eventos funcionan como puntos de inflexión. En el 2001, por ejemplo, fue el que se vayan todxs, un manifiesto catártico y explosivo que invitaba a pensar en la posibilidad de habitar otras realidades. 

Una veintena de años subsiguientes nos encuentra habitando otra/s crisis ¿Cómo interviene la lectura lineal del pasado en la posibilidad de desmontar lo dual para re-pensar el modo en el cual caminamos/habitamos/sobrevivimos en un presente donde lo distópico no parece extraído de una película de ciencia ficción?

El COVID – 19 ofició (y oficia) como un rayo que desintegra o quita el velo de un entramado social – político – económico – moral que nos había alejado de las ritualidades cotidianas colocando a las personas en ruedas capitalistas de existencia. 

En un presente donde la obligación de movernos en una misma dirección instala una idea de progreso se hace urgente el desmontaje de categorías vacías para remontar el pensamiento, la expresión y la cólera sin olvidar cicatrices históricas que impulsan hacia un hacer – pensar – activar. Estas acciones no pueden darse de manera escindente:  deben ser colectivas, cotidianas, simultáneas. 

Una acción que tome como punto de partida un remontaje del tiempo padecido (Huberman, 2015) busca dar cuenta que los problemas visibilizados durante la crisis tienen una íntima relación con el modo en que habitamos los territorios cotidianos. 

La acción performática de habitar pone en movimiento no sólo nuestro cuerpo sino también el modo en que éste es visto e intervenido por el sistema de reproducción económica. Consideremos, por ejemplo, la definición de ergonomía. Según la Asociación Internacional de Ergonomía – IEA (2000), la ergonomía es una disciplina científica de carácter multidisciplinar, que estudia las relaciones entre el hombre, la actividad que realiza y los elementos del sistema en que se halla inmerso, con la finalidad de disminuir las cargas físicas, mentales y psíquicas del individuo y de adecuar los productos, sistemas, puestos de trabajo y entornos a las características, limitaciones y necesidades de sus usuarios; buscando optimizar su eficacia, seguridad, confort y el rendimiento global del sistema. El bienestar que se busca en lxs trabajadorxs no es ingenuo: significa un aumento de productividad para la empresa. 

Sin embargo, en los primeros meses de pandemia los reclamos iban (y van) dirigidos a la mejora en las condiciones de trabajo y distribución de las herramientas que permitiesen desarrollar las tareas en un marco de seguridad. Cobró relevancia entonces la frase tan escuchada de poner el cuerpo. Numerosos interrogantes surgen en el presente escenario ¿Cuáles cuerpos? ¿Qué tipo de cuerpos? ¿Valen más algunas corporalidades frente a otras?

En una entrevista realizada por la agencia de noticias Tierra Viva, Damián Verzeñassi (referente del Inssa y responsable de los campamentos sanitarios en pueblos fumigados) manifestó: Esta pandemia puede impactar como impacta en nuestros cuerpos y cobrarse las vidas que se cobra porque hace tiempo venimos destruyendo nuestro sistema inmunológico, porque habitamos territorios que han sido dañados, que han sido contaminados. El aire que respiramos, el agua que bebemos, la comida que incorporamos a nuestros organismos, cargadas de químicos, de contaminantes (algunos derivados del petróleo) hacen que nuestra biología ya no pueda sostenerse saludablemente (22.10.2021).

Si tomamos como punto de partida lo expresado por Verzeñassi la ergonomía quedaría corta para enfrentar los riesgos que significa el habitar en tiempos pandémicos. Aquí cobra significación la imagen del desmontaje para realizar un remontaje de aquella memoria de trabajadorxs, hermanándonos en una acción que impacte en los diversos modos del acto de habitar. 

¿Cuál es nuestro sitio? ¿Cómo habitamos el hecho de ser trabajadorxs? ¿Cómo operan categorías coloniales en nuestro hacer cotidiano? ¿Qué espacios amigos hoy nos resultan hostiles? 

Espacios inhabitables ¿Volver a lo mismo?

El COVID – 19 reconfiguró los recorridos personales y vitales. Los primeros meses, el ASPO interrumpió gran parte de los movimientos en el territorio urbano. La idea de lo cercano (como aquello que nos vincula con el ambiente y la afectividad) se vio intervenida por el confinamiento. 

Algunas tareas tomaron notoriedad en la arena pública durante los tiempos pandémicos. Dos de ellas, la Docencia y la Enfermería, ocuparán parte del territorio que plantea el texto. Lectores desprevenidos podrían preguntarse los motivos por los cuales se han seleccionado Docentes y profesionales de la Enfermería. Esto es debido a que ambas profesiones comparten algunas estrellas de la gran constelación del mundo del trabajo: la alta tasa de mujeres que ofician en ellas; el politrabajo, motivado por sueldos que no llegan a considerar la posibilidad de habitar; la imperiosa necesidad de capacitación o actualización de saberes de manera sostenida en el tiempo y los estereotipos sociales del rol que se cristalizan en violencia simbólica. Otro punto en común es el montaje producido por un discurso político que penaliza, desvaloriza, destrata a Docentes y utiliza a la Enfermería como carne electoral.  Actos violentos sobre profesiones que corporizan mes a mes, semana a semana y día tras día su habitar laboral. 

Los movimientos, el uso de la voz, la expresión corporal, el lenguaje y los soportes que migraron hacia lo digital durante la pandemia marcaron con fuego la memoria de las personas dedicadas a la docencia. Primero debido a la intromisión en el habitar cotidiano que conlleva la educación remota: cursos enteros tenían acceso a la imagen, el entorno, la información personal (número de teléfono por solo citar uno) y posibilidad de comunicación a toda hora con la persona que impartía los contenidos curriculares. La imposibilidad de desconexión también era el requisito implícito de algunas conducciones escolares. Contar con más de un cargo en cualquiera de los niveles educativos significaba una proeza digna de un personaje de Julio Verne. El escenario se completaba con el repique in extremis atizado por la prensa que recordaba no sólo la falta de preparación sino también la explicitación de la ausencia de tarea docente sólo por el hecho de observar un edificio cerrado. 

El espacio deshabitado como símbolo de pereza y desapego con la tarea. Poco (o nada) se mencionaba sobre los decesos de docentes en la Argentina. Entonces la solución parecía volver a habitar ese espacio escolar abandonado. Como si fuese el único modo de exorcizar el daño producido por los meses de distanciamiento. La historia solo era construida a partir del presente, los meses del 2019 donde docentes y estudiantes intentaron en un contexto adverso evitar el desencuentro, no parecían significar mucho. El concepto utilizado fue nueva normalidad. Habitar nuestro lenguaje es también un acto político de emancipación. 

Re – habitar para mejorar: mostrar que poner el cuerpo (aun cuando hubiese riesgo) significaba un acto de patriótico valor y ejemplo para la estudiantina. Habitar sin emancipar, habitar sin cuestionar: sólo un acto mecánico. 

Enfermería, en cambio, nunca dejó de habitar los efectores de salud. Pero el cansancio, la muerte de profesionales, la angustia (propia y ajena), los aplausos que llegaron tarde, el aumento de la violencia y un futuro de limitadas posibilidades de ascenso en el ámbito profesional abrieron la herida colonial disciplinar. Escasos antecedentes históricos circulan por la memoria colectiva vinculados con los reclamos profesionales: valga el caso de una huelga de Enfermeros relatada por diarios como Crítica o La Prensa allá por el mes de septiembre de 1916. La protesta fue gestada a partir de las pésimas condiciones laborales durante la gestión de Gramajo y vio su fin primero con el remplazo en las tareas por parte de estudiantes de medicina, luego el desplazamiento de trabajadores y por último la sustitución por enfermeras diplomadas. Un decenio después encuentra a la Enfermería no solamente movilizada sino adoptando una modalidad de organización basada en los principios de la autogestión para visibilizar las paupérrimas condiciones de atención a grupos sociales y comunidades.   

Habitar para deshabitar. Es así como el boca en boca y una estrategia asamblearia llevaron a profesionales de la salud a la movilización, intervención del espacio público y acampe de más de 60 días frente al Ministerio de Salud de la Nación. Hubo (y hay) réplicas desde La Quiaca hasta Ushuaia. El objetivo: un espacio profesional habitable, libre de violencia y que sirva de red para aquellas personas que han perdido seres queridos. 

Habitar para emancipar. Docencia y Enfermería son parte de ese hacer – pensar o rumiar la idea – acción (Rivera Cusicanqui, 2018). Hacer sin pensar o pensar sin hacer nos coloca en un laberinto donde no hay hilo de Ariadna que pueda marcarnos la salida. Habitar no solamente significa estar físicamente presente en un espacio – tiempo: significa el modo en que corporizamos la experiencia cotidiana y ejecutamos el pensamiento – acción en un acto emancipatorio global. 

Es allí donde cobra relevancia el desmontaje de categorías que poco representan a trabajadores para un remontaje – acción que busque trascendencia en la mejora del cuerpo, el territorio y la comunidad. 

Habitar sin fronteras, sin patrones, sin temor. Con autonomía, apoyo mutuo y libertad. 


Referencias

Asociación Internacional de Ergonomía – IEA (2000) en Fundación Argentina de Ergonomía (2015). Resolución 886/15 SRT. Disponible en: https://www.fadergo.org.ar/noticias/item/45-resolucion-886-15-srt 

Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Hemeroteca. Diario Crítica (1916). Artículos Otra huelga (16.09.1916) y El bello gesto (17.09.1916). Página 1 (ambos ejemplares). 

Didi – Huberman, G. (2015) Remontajes del tiempo padecido. El ojo de la Historia. Traducción de Marina Califano. Editorial Biblos: Buenos Aires, Argentina. 

Gómez de Silva, G (1998). Breve diccionario etimológico de la lengua española. FCE: Ciudad de Méjico, Méjico. 

Rivera Cusicanqui, S. (2018). Un mundo ch´ixi es posible. Ensayos desde un presente en crisis. Colección Nociones Comunes. Editorial Tinta Limón: Buenos Aires, Argentina. 

Tierra Viva agencia de noticias (2021).  Damián Verzeñassi: “No puede haber cuerpos sanos en territorios enfermos”. Disponible en: https://agenciatierraviva.com.ar/damian-verzenassi-no-puede-haber-cuerpos-sanos-en-territorios-enfermos/ 

Universidad Nacional de La Plata. Biblioteca. Diario La Prensa (1916).  Enfermeros de Hospitales. La reunión de anoche—Informes oficiales. 

*Créditos de la imagen. Archivo General de la Nación Buenos Aires, conventillo, c.1890.

Documento Fotográfico. Colección Witcomb. 

Úrsula, SROV Capital
Categoría: Opinión
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