Me interesaría comenzar retomando una vieja acepción de lo que es la economía, que se remonta al buen Aristóteles. Según él, la economía era la disciplina de la administración de la subsistencia, todo lo que fuera básico para la vida y la supervivencia era parte de lo económico, a esto se le contraponía lo político, que era la disciplina del buen vivir y la maximización de esta buena vida. Lo político era todo lo que estaba más allá de las cosas necesarias para la vida, todo lo propiamente racional, creativo y, en una palabra, libre. La raíz etimológica de economía viene de oikos, casa en griego, porque en la casa era donde los individuos gestionaban cómo iban a sobrevivir, allí se daban las actividades que sustentaban al ciudadano: el alimento, el abrigo, las reservas, todo parte de la vida del hogar. Dentro de lo económico se engloba la agricultura, o los trabajos manuales, ambos despreciados por el ciudadano griego por ser bajezas y, típicamente, eran actividades realizadas por animales de carga, esclavos y en ocasiones artesanos o trabajadores, ambos «libres». El sustento fuerte de la economía griega eran la esclavitud, el ganado y la tierra, en tanto que eran los elementos básicos para la vida. El ganado cumplía la condición de alimento y trabajo (arado, etc.), y la tierra solo daba alimento, pero el esclavo jugaba un papel diferente: el de la liberación, pero no de sí mismo, si no que del ciudadano. En la política aristotélica el esclavo (o, añade Aristóteles, «el ganado, que es el esclavo de los pobres») era el medio de acceso a la «buena vida», y por lo tanto a la política como actividad, porque libera al ciudadano del trabajo. El esclavo, así como el trabajador de la sociedad griega, no tenían derecho a ser ciudadanos, porque se los consideraba movidos por sus necesidades vitales y no por la razón, no eran libres para ejercer la política porque no eran libres de su necesidad de trabajar para vivir, dependían de su actividad económica. Aquí se encuentra lo paradójico de la política de los oprimidos, porque solo es posible fuera de las ataduras de lo necesario y la subsistencia, y la verdad, hay pocos privilegiados hoy que puedan decir que están fuera del esquema de las necesidades. Tan pocos, que hasta los que hoy consideramos «clase media» o «clase media-alta» están más cerca de ser, para Aristóteles, esclavos que ciudadanos. Nadie que trabaje una cantidad mínima de horas al día para ganar el pan podía ser ciudadano en la política aristotélica.
Cabe preguntarse ahora, ¿Por qué es relevante hoy la definición aristotélica de la política y economía? Bueno, como dije, el artesano y el esclavo (con el perdón de los amigos anti especistas, dejemos a un lado al ganado en esta discusión) eran el núcleo productivo de la sociedad griega y justamente por eso Aristóteles los descartaba como válidos para ejercer la política: trabajar y hacer política son contradictorios. Ahora bien, según se dio el desarrollo histórico, la tecnología llevó a reducir la cantidad de mano de obra necesaria para realizar los trabajos y, por lo tanto, la necesidad de la esclavitud fue desplazada. Se volvió necesario meter en algún lugar la sobreproducción que, con ínfima mano de obra, generaban las máquinas. Sobreproducción que sigue creciendo hoy, por lo que la necesidad del consumo se impone violentamente sobre una sociedad que sigue trabajando como si los recursos escasearan. El comercio se volvió así clave en el sistema, al igual que el consumo. Si bien las máquinas realizan el trabajo, el objetivo de ese trabajo seguirán siendo las personas. Es así que se desvela la insostenibilidad del sistema de la propiedad privada tal cual hoy, no se justifica el trabajo exigido para consumir los bienes de los que no hay escasez real alguna. El esclavo sometido al trabajo para la subsistencia de una clase superior se tornó, a lo largo de la modernidad, en un consumidor, sometido al trabajo para la subsistencia de una clase superior, pero «gozando» los descartes de esa vida ociosa y placentera. La mano de obra esclava es reemplazada por máquinas operadas por trabajadores «libres», quedando en la fórmula de la economía, ya no el esclavo y el artesano, sino más bien el artesano (léase obrero, operario, trabajador), la máquina y el consumo. El esquema consumo-trabajo-sobreproducción es la nouvelle esclavitud: tanto los consumos como el trabajo son impuestos, porque son de imperiosa necesidad para la subsistencia; sin embargo, nos dicen que somos libres. La pretendida libertad que la modernidad otorga al artesano no es más que una ficción, porque sigue siendo esclavo de sus necesidades vitales, como bien lo advirtió Aristóteles en su sociedad que aún no tenía nada remotamente parecido a la industria moderna, pero sí una creciente economía de comercio (Grecia se estaba convirtiendo en un centro de comercio) que desplazaba a algunos ciudadanos a trabajar como artesanos para suplir las necesidades fruto de la naciente desigualdad entre ciudadanos (ya no la desigualdad institucional entre esclavo y ciudadano). La caracterización del obrero es exactamente la misma sea que trabaje con serrucho y cincel o con una notebook, es esclavo de sus necesidades. El propietario es siempre dueño de los medios y los bienes que impone al trabajador por los dos medios recién descritos: el consumo y el trabajo asalariado. El propietario es libre de explotar, y por lo tanto es libre de sus necesidades, ya que no requiere de trabajar para vivir. Esa sería, de forma muy reducida y hasta caricaturesca, la traducción de los términos aristotélicos a lo contemporáneo. Pero de una mejor manera ya lo había explicado el pacto de la FORA del 5to Congreso, cuando dice que es en el derecho de propiedad que se esconde el derecho a explotar las energías ajenas.
