En los últimos meses, mientras la caída del salario golpea cada vez más el consumo popular, los medios de comunicación se han llenado de imágenes de persianas bajas, locales vacíos y carteles de alquiler o venta. Otros comercios directamente abandonan la atención al público para volcarse a la venta online. Detrás de cada cierre, sin embargo, hay una realidad de la que poco se habla: la de las y los trabajadores que pierden su sustento.
El gremio de Comercio es, desde hace décadas, uno de los más grandes del país. No solo por la cantidad de trabajadores del sector, sino también porque miles de empleados de actividades diversas son encuadrados bajo este convenio. Esto no es casualidad, los bajos salarios y unas paritarias que sistemáticamente quedan por detrás de la inflación han convertido al convenio mercantil en una herramienta de precarización para amplios sectores del mundo laboral.
Mientras tanto, la conducción sindical parece cada vez más alejada de los problemas cotidianos de quienes trabajan en el sector. La alta rotación de personal, la debilidad de la organización gremial en los pequeños comercios y la falta de respuestas frente a despidos y cierres son una constante. En los grandes conflictos, las negociaciones suelen terminar administrando las consecuencias de las crisis empresariales antes que defendiendo los puestos de trabajo.
Frente a los cierres de locales, se instala una idea peligrosa: que es lógico y hasta inevitable que los trabajadores paguen el costo de la caída del consumo, del avance del comercio electrónico o de las decisiones empresariales. Así, muchos terminamos defendiendo la supervivencia del negocio porque de él depende nuestra propia supervivencia.
Pero el verdadero problema no es únicamente el bajo consumo. Las preguntas de fondo son otras: ¿Cómo nos organizamos quienes trabajamos en un sector tan amplio, fragmentado y muchas veces solitario? ¿Cómo construimos herramientas de defensa colectiva cuando el sindicato ha demostrado que poco hará por nosotros si no lo hacemos nosotros mismos?
Como trabajadora de Comercio, invito a las y los compañeros del sector a reflexionar sobre este escenario. Porque los locales cierran, las empresas se reorganizan y los dirigentes pasan, pero quienes seguimos sosteniendo la actividad somos nosotros. Y será también nuestra organización la única garantía para defender nuestros derechos frente a una crisis que no provocamos.
