Como esperábamos, los parásitos que legislan desde el parlamento aprobaron por mayoría una nueva ley de reforma laboral a la medida de los deseos patronales, que atacará sin dudas en varios frentes a la clase obrera activa y jubilada. Esta nueva reforma que nos retrotraerá quizás a las viejas formas de explotación de los inicios del siglo pasado, en varios aspectos viene a reconocer en los papeles lo que ya se da en los hechos en buena parte de la clase obrera precarizada y desorganizada y que ahora intentarán llevarla a todo el resto del amplio colectivo humano que conformamos quienes vivimos de un salario en condiciones “formales” (es decir lo que llaman estar en blanco y tener un convenio legal firmado).
Lo grave no es que los capitalistas y su circo escriban normas y leyes a su medida para legalizar aun más el despojo a quienes trabajamos, lo grave es que como “convidados de piedra” las y los trabajadores asistimos inmóviles a semejante atropello, como si lo que se estaba tratando no nos afectara a nosotros o con la resignación de quienes creen que nada pueden hacer para detenerlo. Buena parte de la culpa del inmovilismo lo tiene la podrida CGT (siempre conciliadora, siempre oportunista, oficialista del que sea cuando peligran sus privilegios) con sus jerarcas empresarios atornillados a las conducciones de sindicatos compulsivos, ante un gobierno que con el amague de golpear a los “gordos” de la CGT se cuidó bien de no perturbarles el sueño al no tocarles las cajas sindicales de la vergonzosa cuota sindical obligatoria ni todo lo demás del andamiaje que nos trajo hasta acá. Volvemos a recordarlo, esta misma burocracia sindical es la que siempre asegura sus privilegios negociando a espaldas de quienes dicen representar, jugando a las escondidas mientras una parte de los y las trabajadoras esperaban algo más que una declaración dispersa de inconformidad o de simulado repudio al tremendo golpe a los derechos que se venía. Así, con el agua al cuello el mismo día que se trataba la ley se fue a un Paro dominguero, quizás como válvula de escape a la bronca o para intentar lavar su culpa.
En la FORA nunca creímos en las instituciones burguesas y repudiamos las instituciones que mezclan la clase productora con la parasitaria, guiadas por el interés de falsear propósitos de libertad en beneficio propio. Por eso somos antiparlamentarios y únicamente confiamos a nuestros propios medios de acción todo cuanto respecta a nuestra emancipación de trabajadores injustamente sometidos a un régimen que no hemos querido ni queremos, y que subsiste por la violencia de la burguesía y del Estado. Como decían nuestros viejos compañeros, la legislación obrera es una mesa con rueditas, conforme se avanza en la conquista de derechos y reivindicaciones, el Estado y las patronales la corren inmediatamente enfrente, para poner un límite a ese avance. Habrá que volver a encontrarnos, volver a organizarnos y retomar la defensa y conquistas de nuestros derechos.
Este Marzo es también de un recordatorio particular en la historia de nuestra clase, se cumplen 50 años del genocida golpe de Estado militar, civil (patronal) y clerical de 1976. En el cual los salvajes milicos con las armas que el mismo pueblo le confirió, desató el terror secuestrando, torturando y matando a 30000 hijos e hijas del pueblo con todo el sadismo y cobardía que históricamente desplegaron.
No debemos permitir que quienes niegan o reivindican los horrores y vejaciones de la dictadura sigan decidiendo por nuestras vidas, ni tampoco que el oportunismo de quienes nos embaucaron en democracia con la impunidad y los indultos, regresen con su prédica del mal menor, del capitalismo criollo y de la cristiana resignación, volviendo otra vez a preparar el terreno para garantizar las ganancias económicas del capital a costa nuestra. El pueblo trabajador tiene que retomar las riendas de su destino y recuperar todo aquello que se nos robó: el derecho a deliberar y decidir, a la protesta y a la acción directa en pos de sus necesidades y deseos por el derecho a una vida digna.
