El Imperio de las Torres Blancas

“Mi deber es hablar, no quiero ser cómplice. 
Mis noches se verían asediadas por el espectro del inocente 
que, padeciendo el más horrible suplicio, 
expira un crimen que no ha cometido”.
Emile Zola, Yo acuso (1898)

El 24 de marzo pasado se cumplieron 46 años de inicio de la dictadura cívico – eclesiástico – militar que cubrió de un manto de muerte el territorio llamado Argentina. Las consecuencias económicas, sociales, culturales siguen acompañando a quienes lo habitan. 

Dentro de perverso entramado de desaparición forzosa, persecución, exilio, robo de bebés y apropiación de todo tipo de bienes, un capítulo aparte lo merece empresas como Ledesma. 

Corría el año 1966 y Blaquier era el beneficiario del cierre forzoso de once de los veintisiete ingenios existentes en Tucumán (decreto-ley 16.926 dispuesto por el dictador Juan Carlos Onganía).  Diez años después, durante el Proceso de Reorganización Nacional sería uno de los responsables del Apagón de Ledesma donde 300 trabajadorxs fueron retirados de sus viviendas en la mitad de la noche, torturados salvajemente y treinta continúan desaparecidxs. El combustible, los medios de transporte y las listas de personas a secuestrar fueron provistas por la empresa Ledesma. Los vínculos de la empresa con los diferentes colores políticos han continuado sin pena ni gloria durante los años de democracia. La sistematicidad en la persecución, expulsión y daño ambiental continúa desde tiempos casi inmemoriales en los territorios ubicados al norte de lo que llamamos Argentina. 

La represión y amenaza como respuesta 

Durante la década del 90 el piquete de Ledesma constituyó el inicio de 18 cortes de ruta que mantuvieron en vilo a la provincia de Jujuy. A mediados de la década el Ingenio había despedido a 5.000 trabajadorxs de sus instalaciones guarismo que correspondía al 33% de la población económicamente activa. Luego de una feroz represión, las personas detenidas fueron trasladadas en camionetas de la empresa Ledesma, misma metodología que la del gobierno militar. Casi diez años después del suceso 4 personas fueron asesinadas durante el desalojo de una toma de terrenos en manos de patotas organizadas por la fuerza policial y civiles que respondían al Imperio Blaquier.  Para Mariano Pacheco, en esas latitudes “los muertos sin sepultura aún se pasean como espectros”

Lo cierto es que Blaquier sigue siendo investigado por crímenes de lesa humanidad, situación que no lo aleja de sus vínculos comerciales y ecocidas en la región. Después de todo, en palabras de Luis Arédez “lo único que les importa es la guita y si han asesinado gente es para ganar un poco más, nada más”.

El intendente Arédez (detenido, torturado y desaparecido en la última dictadura) fue la primera persona en, por ejemplo, cobrarle ABL a la empresa Ledesma y lo pagó con su vida. Más de 40 años después una demanda sería iniciada por el Sindicato de Obreros y Empleados Azucareros del Ingenio Ledesma vinculada a la falta de aportes sindicales por parte de la empresa. El escrito presentado por el gremio afirmaba que “casi un tercio del salario de sus trabajadores fue pagado con las sumas en negro. Esto hizo que Ledesma omita el ingreso de los aportes y contribuciones obligatorios, por las sumas no remunerativas abonadas por la empresa a sus trabajadores. Esa deuda que es propia, y otra parte como agente de retención (art. 38 Ley 23.551)”.

Para el año 2021 Ledesma debía $ 135.043.774,92 en aportes jubilatorios, $ 31.305.602,37 en obra social y $ 24.553.413,62 en deudas sindicales según El Submarino de Jujuy. 

Durante la pandemia, la empresa se negó a licenciar a sus empleados mayores de 60 años o a quiénes padecían enfermedades crónicas. Lxs trabajadorxs denunciaban que viajaban hacinados y eran obligadxs a trabajar bajo amenaza de perder el presentismo. Chaco día por día relataba la noticia de la siguiente manera: “En junio, para la zafra, llegan a ser más de 4000 trabajadores. En esta época de receso unos 2800. Los mayores de 60 años son casi 400, y realizan todo tipo de tareas en la fábrica y el campo, desde mantenimiento, riego de cañas y preparación de caminos”. El resultado fue la muerte de 5 operarixs y tres familiares. 

A principios del 2022 Ledesma despidió a 12 trabajadorxs del área citrus por haber tramitado vía la ART accidentes y enfermedades producidas en el ámbito laboral. La empresa es una de las principales exportadoras de citrus del país enviando al exterior 27. 943 toneladas de frutas. Durante la temporada de producción emplea a más de 3.500 trabajadorxs (algunos propios y otros tercerizados). Ledesma no sólo produce azúcar y cítricos, también se dedica al papel y, según el Observatorio Petrolero Sur (OPS) estaría interesada en los biocombustibles. 

En abril de este año se encontraron restos óseos en el interior de la finca “Don Herminio”, propiedad de la empresa en el paraje Aguas Blancas. El material fue enviado al Laboratorio de Genética Forense para ser examinado. Cabe notar que no había registrada denuncia de la desaparición de alguna persona en la zona y el trabajo estaría avocado en determinar la identidad. 

Asesinatos socioambientales

Durante el 2005 un amparo presentado por Olga, compañera de Luis Adérez intentaba detener la contaminación de bagazo (residuo de la caña de azúcar) producida por la pastera. 

La bagazosis es una enfermedad que se presenta en trabajadorxs expuestos a la inhalación de polvos de bagazo de caña enmohecido. 

El bagazo fresco y húmedo apilado a la intemperie produce un residuo que es susceptible de ser fermentado por levaduras. Las condiciones ambientales favorecen el crecimiento de muchas especies de hongos. Cuando el bagazo esta seco o viejo se cubre de moho conteniendo importantes cantidades de esporas (240 – 500 millones por gramo de peso) las cuales son liberadas al ambiente durante su transporte o manipulación. En palabras de Olga “además de matar, nos contaminan”. 

Un estudio realizado por la Universidad Nacional de Salta pudo comprobar que dos de tres muestras tomadas a 30 metros de las montañas de bagazo en los suelos de Libertador General San Martín contenían actinomices, sustancia que proviene del polvo de bagazo enmohecido. 

La enfermedad podría prevenirse encapsulando la fibra de caña de azúcar, acción que Ledesma tiene poco interés por realizar a pesar de manifestar estrategias de sostenibilidad y recibir cuantiosos subsidios para el desarrollo de esas políticas.

En una entrevista radial, Adriana Arédez (hija de Olga y Luis) relataba “Es una cadena de complicidades y de encubrimientos en esta dolida provincia de Jujuy, a la que me vine a vivir para llevar adelante el juicio contra los genocidas, por el primer secuestro y la desaparición de mi padre. Ahora mi madre murió como consecuencia de una infección en los pulmones que derivó en cáncer. La causa fue que la empresa Ledesma mantiene la fibra de la caña de azúcar a la intemperie, cuando por ley tiene que estar encapsulada. Ellos se creen los dueños de todo y lo demuestran provocando muertes. Muertes por bala, por secuestros, desapariciones y torturas, por genocidios de pueblos originarios para apropiarse de sus tierras y por genocidios ambientales como el de hoy”.  

Argentina se encuentra en emergencia hídrica. En este contexto no es un dato menor que para la producción de 1.000 kilos de papel se necesitan 100.000 litros de agua. Es por ello que en diferentes localidades las asambleas de vecinxs se organizan para evitar la instalación de papeleras. 

En el Alto Paraná, por ejemplo, lxs vecinxs señalan que “en los cítricos se forman pintitas negras, las mandarinas se secan. Los vecinos más viejos dicen que, antes de la fábrica, no era así”, “cuando hay viento norte, el olor se siente muchísimo más fuerte. Es nauseabundo”. En los lugares del Río donde arrojan residuos las aguas cambian: adquieren un color amarillento y se observa mortandad de peces. 

Ledesma le ha declarado la guerra no sólo a lxs trabajadorxs sino también al habitar de los seres en el territorio con un avance despiadado de décadas y complicidad del estado. 

El capitalismo se vuelve entonces un magma que parecería atraparlo todo: objetos, propiedades, cuerpxs, salud, recursos de diversos orígenes, voluntades…para beneficios corporativos y personales. Se avizora un futuro de agricultura sin agricultorxs, con alimentos falsos producidos en laboratorios (Vandana Shiva y Kartikey Shiva, 2019), donde conviven formas esclavistas de trabajo, políticas extractivas y beneficios supra-numerarios para cada vez más pocos. Los conceptos de propiedad y productividad se hermanan muchas veces enmascarados en promesas vacías de “sostenibilidad” que sólo buscan colocar un velo sobre las poblaciones. 

Pero hay otro mecanismo perverso que utilizan sistemáticamente empresas como Ledesma: la amenaza del abandono, como si lo mejor que pudiera pasarnos es su dádiva de trabajo. El financiamiento local a investigadorxs, escuelas, diversos sectores de la sociedad deja de manifiesto que todo tiene un valor de cambio y cualquier tipo de queja, denuncia o provocación queda en una fosa perdida en un campo de cañas de azúcar. 

Hermanarnos en este primero de mayo significa no olvidar a quiénes han dado su vida por aquello que sigue siendo justo: trabajar menos y redistribuir el producto del esfuerzo de manera solidaria, comunitaria, poniendo en valor el territorio que habitamos. 

Referencias
Shiva, V y Shiva, K (2019). Unidad versus el 1%. Rompiendo ilusiones, sembrando libertad. Econautas Editorial.

ursula
Categoría: Opinión
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